sábado, 8 de octubre de 2016

La Colonia Monte Algaida, en 1913

El periódico La Época del día 08 de octubre del año 1913 publicaba el artículo que a continuación reproduzco, que hace una buena descripción de cómo era la Colonia Monte Algaida en sus inicios, como ejemplo de colonización, aunque los problemas vendrían un poco más tarde. Artículo bastante laudatorio del Gobierno de la época, pero que sirve como descripción que como era la Colonia Monte Algaida cuando comenzó a poblarse.
La Algaida el día de la inauguración
Es indudable que dos de los principales problemas que afectan en la actualidad a nuestro país son el de la emigración y el de las huelgas.
A contener aquella y a evitar los conflictos obreros que continuamente surgen en todas las poblaciones de España, deben prestar preferente atención los gobernantes, si quieren mantener, tanto el vigor y la energía de la raza, como el natural desarrollo de la riqueza nacional.
Tren de vía estrecha
La emigración sobre todo en algunas provincias, aumenta cada año de modo alarmante; legiones de hombres huyen a lejanas tierras en busca de un bienestar tranquilo, y ante el temor de no poder conseguirlo nunca en el suelo patrio.
El problema de las huelgas va sembrando poco a poco la alarma entre los capitales españoles, y el continuo malestar de la clase obrera hace pensar en la necesidad de estudiar a conciencia estas interesantes cuestiones.
A solucionar en gran parte estos problemas vino la ley de colonización y repoblación interior, presentada a las Cortes en Mayo de 1907 por los señores González Besada y vizconde de Éza ,  ministro de Fomento y director da Agricultura, respectivamente, y aprobada entonces por las Cámaras.
Una de las casas de los colonos
Merced a ella se constituyó en el ministerio de Fomento una Junta central que, desde aquella época, ha venido realizando notables trabajos de colonización y repoblación; pero, por desgracia, es tal la indiferencia con que se miran estos trabajos, que hasta la hora presente ha encontrado el Estado muy escasos auxiliares a una obra tan provechosa para el proletariado en general, y especialmente para los obreros del campo, dándose el caso de que muchos Municipios que cuentan con medios suficientes para haber secundado la labor de la mencionada Junta han permanecido inactivos, cuando, al amparo de la ley del Sr. Besada, han podido fundar colonias agrícolas, que hubiesen hecho disminuir notablemente la emigración y los movimientos huelguistas, desde el momento en que el obrero se convertía en explotador de sus propias tierras y patrono de sí mismo.
Cooperativa
Una honrosa excepción de esos Municipios y un ejemplo evidente, por tanto, de los provechosos resultados de aquella ley lo constituye el Ayuntamiento de la ciudad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, que por iniciativa de su alcalde, Don Leopoldo del Prado, empezó a construir en el año 1909 una pintoresca colonia denominada Algaida, cuyo proyecto redactado por el ingeniero agrónomo don Ángel Torrejón, fue aprobado por la Junta Central y defendido en las Cortes por el ministro Don Bernabé Dávila y el conde de los Andes.
En realidad el señor Prado había pensado ya repetidas veces, antes de la ley de 1907, en la conveniencia de un repartimiento de un terrenos del monte de la Algaida, basándose en la escasa productividad del pinar, en la posibilidad de plantar en aquellos terrenos viñas que diesen buen rendimiento, y en la crisis de carácter agrario social que tantos trastornos producen en aquella comarca.
Excursión organizada a la Algaida
La ley de colonización vino en apoyo de los ideales del alcalde de Sanlúcar, y este, una vez aprobado el proyecto por él aprobado, se dedicó con todo entusiasmo, y en unión del señor Torrejón, a la constitución de la colonia agrícola.
Por fortuna, los resultados obtenidos hasta la fecha han superado a las esperanzas de los propios iniciadores, y hoy está convertido el monte Algaida en un centro de vida, cuya organización digna de atención especial.
No se ha tratado sólo de un simple reparto de terrenos, sino de una completa obra de colonización, en sus aspectos económico, social y agronómico, y de la creación de una población rural, ya bastante numerosa, bajo un régimen social completamente nuevo.
Escuela
De ello han podido convencerse los numerosos excursionistas, pertenecientes a las más distinguidas familias de Jerez de la Frontera, que recientemente hicieron una expedición a la nueva colonia, invitados por el señor Torrejón.
Los expedicionarios fueron en coche hasta el pueblo de Bonanza, y desde allí se trasladaron a la Algaida en un ferrocarril de vía estrecha, que es el que utilizan los colonos para el transporte de la arena y de sus mercancías.
Sólo diez minutos tardó el tren en llegar a la Algaida, en cuyos comienzos, a la derecha de la vía, se levanta la primera casa, que sirve de alojamiento a un colono y su familia.
Frente a este edificio se halla el taller de serrería del contratista de les pinares, y junto a un pequeño montículo, un Observatorio meteorológico, con un material completo de aparatos de precisión.
Apeadero del tren de vía estrecha
Ya entrando en la colonia, se encuentran las demás casas, construidas todas con arreglo a los mismos planos, y en cada una de las cuales vive tan sólo un colono con  familia. Estas casas, de construcción sólida, están hechas con cemento armado, y constan de dos cuerpos de edificio entre los cuales ha y un patío descubierto.
El edificio do la derecha tiene dos habitaciones una cocina de construcción moderna y un cuarto destinado a herramientas. El de la izquierda consta de un comedor espacioso y dos alcobas perfectamente ventiladas. El retrete, con inodoro, se halla muy bien acondicionado, en un extremo del patio. Todas las ventanas están defendidas contra los mosquitos por tupidas telas metálicas.
Frente a la casa de cada colono se extiende el terreno que se le ha cedido para su explotación, cuyo suelo es arenoso-silíceo, perfectamente permeable, siendo curioso observar que en unas tierras formadas como aquéllas, por extensos arenales, se desarrolla una espléndida vegetación, hasta el punto de haber llamado la atención á infinidad de extranjeros.
Cantina
Claro está que ello es debido al esfuerzo verdad del agricultor, que como trabaja en su propio suelo y halla en los rendimientos que éste le da la felicidad a que aspira, no abandona su labor en todo el día, habiendo épocas en que se ve a altas horas de la noche trabajando, con la seguridad del hombre feliz que tiene la evidencia de recoger el fruto íntegro de su trabajo.
En la actualidad ocupa la colonia 462 hectáreas de tierra, de las 1.191 que consta el monte. Hasta ahora está poblada por 60 familias, cuyos respectivos jefes son propietarios de dos hectáreas, que dedican al cultivo del navazo y a la plantación de la viña.
Cultivo de los navazos
Cuando la colonia esté terminada, el número de colonos ascenderá a 250.
En el centro de ella hay dos parcelas destinadas al emplazamiento de los siguientes edificios comunales: capilla, administración y casa del administrador de la colonia, botiquín y casa del médico, despacho de  la Cooperativa en la cual está la casa del guarda del almacén y dependientes del almacén de semillas y abono y de mostos y vinos, molino y panadería. Escuelas de niños y niñas y casas para los maestros; extendiéndose, en l centro de todas estas construcciones un hermoso jardín de más superficie de más de una hectárea.
Observatorio
El despacho de la Cooperativa, las Escuelas un depósito, ya están terminados y funcionando.
Otro edificio que también será construido en breve es el destinado a Sala de Juntas de los colonos, que se utilizará también para espectáculos y recreos, y en el que un personal técnico dará frecuentemente conferencias a los colonos sobre vida social y agricultura, de carácter eminentemente práctico.
Se han construido además en la entrada de la colonia, frente al Observatorio, la casa del guarda mayor, un taller de  cerrajería y el depósito de la máquina y las vagonetas del ferrocarril de vía estrecha antes citado, que mantiene en constante relación a unos colonos con otros; y a estos con el pueblo de Bonanza, ya en la falda del monte.
Cultivo de la seda
Pero los beneficios que disfrutan los colonos de la Algaida no se reducen sólo a la vivienda ni a las parcelas de terreno que les proporcionan los medios de sustento para sí y su familia, sino que cuentan, como antes dijimos, con una Cooperativa y unas Escuelas.
La primera es un verdadero modelo en su clase, como órgano intermediario y educativo de los colonos en sus necesidades de crédito, ahorro, seguro, compra, venta y mejora cultural; pues les proporciona las ventajas morales y económicas de la ayuda recíproca y de la unión de esfuerzos para el bien común.
Consta de una tienda perfectamente surtida, a la que acuden los colonos a hacer sus compras, y en la que obtienen, además de grandes ventajas en los precios, la garantía de la buena calidad de los artículos y del peso exacto de la mercancía.
Las Escuelas disponen de material pedagógico moderno y de mobiliario cómodo y sencillo, modelo alemán, construido en las carpinterías de la colonia.
Casa del guarda y otras dependencias
El edificio escuela está rodeado por un espeso bosque de pinos.
No hay que decir que el entusiasmo de las familias que hasta ahora viven en la colonia es mayor cada vez, en vista del resultado económico que obtienen. Muchas de ellas, que fueron admitidas estando en la mayor miseria, han recogida ya dos o tres cosechas, y viven ahora en plena felicidad, después de haber pagado todas sus deudas, y habiendo adquirido algún ganado y unas cuantas aves.
¿Serían capares estos colonos ahora de pensar en emigraciones o en huelgas?. Claro está que no.
¿No podría imitarse el ejemplo dado por el Municipio de Sanlúcar en otros puntos de España?.
Depósito y taller de la locomotora
La colonia del monte Algaida representa las excelencias evidentes de de la ley del señor González Besada. Los estadistas, gobernantes y sociólogos que se preocupen por los intereses materiales del país, debieran suspender por unos días sus tareas para acudir a las arenas de la Algaida, y al contemplar la ciudad perfectamente alineada, que en estériles dunas está formándose; al escuchar a sus dichosos pobladores y al estudiar el régimen  social cooperativo que les asocia, podrían, sin duda, hacer una buena obra a España, y quién sabe a evitar por completo el triste espectáculo que ofrecen esos buques cargados de emigrantes, que atraviesan constantemente los mares hacia tierras lejanas.


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