Más de un mes permaneció la flota de Magallanes en Sanlúcar de Barrameda, completando su dotación y su aprovisionamiento. Todos los días la tripulación descendía a tierra, a oír misa en una Iglesia llamada Nuestra Señora de Barrameda, y antes de partir el capitán dispuso que todos confesasen y comulgasen.
Como medida de precaución prohibió terminantemente la entrada de mujeres abordo de las naos durante la permanencia en el puerto de Sanlúcar de Barrameda.

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