La otra tarde paseando por la
zona debajo de Capuchinos recordé una anécdota que me ocurrió hace ya muchos
años cuando trabajaba en la Unidad de Población del Ayuntamiento de Sanlúcar de
Barrameda.
El Ayuntamiento, unos años ante
de estar yo, había encargado rotular, dar nombre a muchísimas calles la mayoría
de ellas de nueva creación o que nunca lo habían tenido.
Por lo visto la empresa decidió que
lo más fácil era no complicarse la vida y busco directamente cabos y golfos de
España, y a hacer puñetas, lo fácil.
Hasta aquí todo bien, porque se
supone que los nombres de las calles están indicados sólo para identificar los
lugares en una ciudad, pero he aquí que a veces algo que parece que no va a
tener ninguna importancia, la tiene y mucha, porque una mañana veo que entran
en la oficina un grupo de personas que venían un poco exaltada y que traían el
rótulo de una calle en las manos.
¿Qué les pasa?
¿Qué que nos pasa nos va a decir?
Que ya estamos hartos de que a nuestros hijos en el colegio los niños les digan
que viven en la calle de los tiñosos. ¡Se acabó! Aquí tiene la calle y no la vuelvan
a poner porque la arrancamos de nuevo. O le cambian el nombre o nos quedamos
sin calle.
A la calle en cuestión la empresa
le había puesto el nombre de Calle Cabo Tiñoso, que es un accidente geográfico
que se encuentra en la región de Murcia, pero que teniendo en cuenta las ganas
de cachondeo de los niños y mayores, parece cuando menos provocativo.
¿Qué cómo se solucionó la
cuestión?
De la forma más fácil y lógica,
que es cambiándole el nombre a la calle y poniéndole uno más lógico y que se
diera menos al cachondeo y las tomaduras de pelo. No recuerdo exactamente si se
le puso el nombre de Calle Barca o Calle Canoa, porque las dos están pegaditas.


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