El periódico La Iberia del 20 de
junio del año 1871 nos cuenta lo siguiente:
Catástrofe. De Sanlúcar de
Barrameda nos escriben diciéndonos que el día 16 del corriente iba a verificarse
una corrida de novillos en el palio del castillo de Santiago. Con este objeto,
y para poner el patio referido en condiciones de comodidad para el público y
lidiadores, se empezó la construcción de una gradería en los cuatro frentes del
patío, y un corredor que dominaba la gradería y que podía habilitarse para los
palcos.
En la mañana del día indicado se
jugaba el llamado toro del aguardiente, que, como saben nuestros lectores, es
lidiado por el pueblo, y como es consiguiente, la concurrencia es grande tanto
de diestros como de espectadores, llegando el caso de que abrieron, según se
dice, la puerta de la escalera que daba paso al corredor en construcción, y
cuyas vigas estaban sólo apoyadas por un extremo en el muro, pero sin el sostén
de los pies derechos en el otro.
Llegó un momento en que ya las vigas no
pudieron soportar el peso; crujieron, y por último cedieron, cayendo con las
personas que sostenían sobre los que ocupaban las graderías.
El tumulto fue espantoso; los
heridos se quejaban, y los que habían quedado ilesos gritaban y corrían para
socorrer a las víctimas.
Dos o tres personas quedaron
muertas en el acto, y 15 o 16 resultaron heridas, las que seguidamente fueron
conducidas al hospital allí cercano y hechas las primeras curas.
El Juzgado se personó en el lugar
del siniestro y comenzó a practicar las diligencias necesarias.

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